viernes, 29 de mayo de 2015

La Ciudad Escondida. Capítulo II Retrospectiva.


SARA I


Son las 7 Am, Sara apenas puede aguantar el dolor de cabeza por estar toda la noche mirando una una novela que le copiaron del paquete de la semana.

—Ay Sara, ¡No puedo creer que vayas a llegar tarde otra vez al trabajo Ella frota su larga cabellera castaño obscuro. Este juego me va a costar el empleo, tengo que ponerme para las cosas, por mucha estima que me tenga el jefe, si caigo de nuevo no habrá contemplaciones. —miró su reloj, alcanzó el teléfono celular encima de la mesa y envió un mensaje de texto a su colega en la oficina.

Hermana, por favor ayudame 15 minutos con el trabajo, llegaré un poquito tarde, gracias de antemano. Sara”
—Está hecho ¡Hay tengo que vestirse rápido que no queda mucho tiempo! Espero que mi compañera pueda aguantar el tiempo que le pedí. ¡Estoy molida! A un gustazo, un trancazo —dijo para si sonriendo y resolvió agilizar el ritmo— ya está bueno, andando que se quita el frio.

En veinte minutos estaba en las puertas de su trabajo..

Sara es la segunda asistente de la secretaria de Daniel; actual Director de Marketing y Relaciones Públicas de la nueva Empresa Cubano China de automovilismo “Moyota”. Ubicada en la Calle 23 frente al antiguo parque “El Quijote” del Vedado. Seis años atrás en ese lugar existió un edificio de dos pisos con un parqueo de 50 metros cuadrados aproximadamente. La planta baja del inmueble contaba con un restaurante de productos del mar colindando con otro restaurante privado frente al mismo parque. Meses más tarde se negoció la compra de los dos locales y la propiedad superior con el espacio del garaje, y para buena suerte de los nuevos propietarios, el edificio se encontraba en tan mal estado, que patrimonio ni se inmutó cuando se procedió a demoler todo lo que existía en ese pedazo de terreno.
La construcción del nuevo establecimiento de oficinas duró 6 meses y para que no sobresaliera al diseño del resto de los edificios colindantes, se acordó no sobrepasar las 3 plantas, y su fachada plantearla parecida a la del banco ubicado frente a la antigua Agencia Internacional de Información (AIN).
Espero que Daniel me perdone. No sé que me pasó, no advertí el pasar de las horas. Esta vez me van a matar en la empresa.

Su colega estuvo puntual en la oficina y preparó las condiciones para que cuando llegaran los jefes la ausencia de Sara fuera lo menos notada posible. Daniel no había llegado aún porque estaba en los preparativos finales de aniversario y la jefa de despacho estaba en el aeropuerto recibiendo a una delegación de Canadienses con interés de invertir en la empresa .

—Que suerte, los jefes no están. —Pensó aliviada—. Gracias por cubrirme el puesto, cuando necesites de algo sin problemas te ayudo está bien. De todos modos prometo que fue por esta vez. —La otra muchacha respondió inclinando levemente su cabeza hacia delante e ipsofacto regresa a sus actividades—.
—Bueno, voy para la oficina a revisar los correos y preparar los informes de Daniel, seguramente el está contando conmigo para la presentación de esta tarde.

Daniel y Sara se conocieron en el Lobby del Hotel Copacabana en una convención sobre las buenas prácticas de comunicación en las corporaciones. Fue my simpática las circunstancias en las que se encontraron, al principio, Sara pensó que el estaba interesado en ella sexualmente por la manera penetrante de mirarla, aunque la verdad ella estaba loca por echarle el diente.
Nunca un hombre me había mirado de esa forma —pensó—.
A Daniel le sucedía algo parecido, pero no en el modo sexual, era un hecho de que si había algo de morbo en sus miradas, pero nada que ver. Estaba recién casado y se acababa de mudar con Ricardo al Hotel Habana libre y no sentía ánimo alguno de enrolarse nuevamente con una mujer, no obstante, había algo que sobremanera llamaba la atención en la muchacha, así que decidió abordarla en cuanto terminó el evento.
Hola, ¿Cómo estas? Movido evento ¿Verdad? A propósito, mi nombre es Daniel, Presidente ejecutivo del área de Comunicación y Marketing de la Corporación Moyota S.A. —dijo estrechando las delgadas manos de la joven muchacha—.
No es la firma de autos China?
Si, la misma —Le entregó su tarjeta de presentación—. No suelo ser tan expresivo, pero la verdad hay algo en usted que me ha llamado la atención.
Gracias, muy amable, mi nombre es Sara. Soy técnica en trabajos de oficina y recibí entremiento para estudios de mercado y marketing comercial. —se sonríe. hablando en buen cubano, secretaria. —sonríen ambos—.

Por Dios, pero si es casi idéntica a la primera novia que tuve—dijo para si mientras seguía atentamente la explicación de la joven.

Sara mide aproximadamente un metro setenta, tiene los ojos verdes, piel blanca con algunas pecas, y un cabello castaño claro al estilo masculino que por su compostura física le hacían ver muy atractiva en aquel lugar.
—¡Pero que lindo es, que galán!. Si mi novio me oye me mata, je je —dijo Sara para si mientras observa detenidamente las manos de Daniel y se percata del anillo en su mano izquierda—. A ver en qué dirección va esto. —se dijo para si con recelo—.

Me gustaría invitarle a beber algo, si no le es inconveniente alguno —Dijo persuasivo—. Yo pago. No te preocupes, no es lo que te imaginas, estoy casado y no tengo intenciones de ser infiel.
Uff menos mal —dijo para si relajada—. Está bien, sentémonos en la cafetería del hotel Copacabana, — asintió más calmada y señaló la cafetería en la terraza—, me han dicho que tiene una excelente vista al mar.
—¿Y qué esperamos? Vamos —respondió—. Sabes, nunca he estado en esa parte del hotel.
Yo he estado dos veces, —responde ella—. La primera vez fue con mi padre y la segunda con mi actual novio.
Que bien, entonces serás mi guía, —bromeaba mientras subían los escalones que conducen a la cafetería—.
Eres muy simpático —sonrió Sara—, mira sentémonos en la esquina que está cerca del Helecho gigante —indicó. Ahí hay una mejor vista de la puesta de sol.
Creo que será una charla muy interesante,
¿Tu crees?
—Estoy convencido de ello, de hecho creo que seremos buenos amigos, y según lo que me has contado de tu experiencia profesional, me gustaría que mi jefa de despacho tuviera una asistente como usted.
—Por favor, que podemos tutearnos —reprendió Sara con jovialidad—.
—Está bien, rectifico. Una asistente como tú, aunque aclaro que tienes que demostrar tu capacidad y eficacia

.—Se sientan—.

¿Deseas comer algo? Yo estoy herido y no de bala, esas 6 horas seguidas de conferencia en conferencia me dejaron el estomago vacío. Pide lo que quieras . Yo tomaré un jugo de pera y un emparedado de vegetales con atún.
—Creo que tomaré lo mismo que tu, pero el jugo lo cambiaré por una cerveza. —respondió—, y para picar unas aceitunas con queso blanco.

Continuará...

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